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las Cataratas del Iguazú, el espectáculo de agua dulce más conmovedor de la Tierra


BR1 remojado por las aguas de las Cataratas de Iguaçu, lado brasileño

BR1 remojado por las aguas de las Cataratas de Iguaçu, lado brasileño

Tenía ganas de superlativos. Y también de mojarme con una opinión como la del titular como me mojé viendo el agua caer por la impresionante Garganta del Diablo de las Cataratas del Iguazú. El primer día fuimos del lado brasileño desde el que se ven las cascadas en perspectiva, la foto completa. Y además de cambiar nuestro humor radicalmente aquel día, de “más o menos” a “euforia”, descubrimos que los arco iris que se forman en el aire cuando hay agua y sol en determinado ángulo pueden llegar a ser circulares! Nadie me lo enseñó en la escuela!! Así que los arcoiris pueden ser “círculo iris”, completo! Los 360 grados del círculo perfecto de un arco iris dibujado ante nuestras narices (mojadas), entre la gran cascada y nosotros. Uno no para de ver cosas nuevas, aunque lleve 16 meses de viaje, oiga. Para asimilar tanta belleza y que no nos diera un ataque del Síndrome de Stendhal nos dimos un día de descanso. Fue en el que aprovechamos para visitar el Parque das Aves en Foz do Iguaçu, todavía en el lado brasileño. Aves tropicales de todos los colores y reptiles de generosos tamaños y contrastada ferocidad te recordaban que estás en una zona donde la naturaleza aún es mayor que la civilización (y que dure). Ni con mi camiseta tuticolori comprada en Córdoba, Argentina, pude igualar la exuberancia cromática del tucán. Ahora sí, tocaba ver de cerca esta maravilla natural de fama universal, las cataratas del lado argentino que ahora están entre las 28 nominaciones a convertirse en una de las Nuevas 7 Maravillas Naturales del planeta. Estoy convencido que el 11/11/11, fecha en que se sabrá el resultado de las votaciones, Iguazú estará ahí en el TOP 7. Y si no, no importa. Son increibles y punto. Nunca he visto nada igual. Millones de litros de agua dulce en caída libre, entre rocas y abundante vegetación. Contundente, bello y tranquilo al mismo tiempo, porque pocos metros antes de caer, el río Iguazú parece una balsa y tras la poderosa caída de agua, todo vuelve a su cauce con sorprendente facilidad. Podría cerrar ahora este post del con una metáfora que comparase el fluir del agua de Iguazú con la vida y sus diferentes estadios, pero lo maravilloso de la lectura es que activa la imaginación del lector, así que cada cuál se haga su imagen y me ahorre la cursilería, yo ya tengo mi imagen y mi sensación, y os aseguro que son superlativas.
BR1 intentando hablar el idioma del tucán, que no es el guaraní sino el tuticolori

BR1 intentando hablar el idioma del tucán, que no es el guaraní sino el tuticolori

un poquinho de Brasil camino a las cataratas


Praia Mole - Galheta, ilha de Santa Catarina, Brasil

Praia Mole - Galheta, ilha de Santa Catarina, Brasil

Brasil era una de mis asignaturas pendientes. Llevaba toda la vida sobrevolando al gigante tropical cada vez que iba y volvía de Barcelona a Buenos Aires, pero nunca lo había podido degustar. Solo un rato, a los cuatro, en las cataratas de Iguazú y una vez mucho después en una escala en Río que me permitió conocer su aeropuerto, con sus gemas preciosas y su megafonía sensual estilo bossanova, pero nada más. Así que ahora tenía ante mi la ocasión de ver y vivir una pizca de la nueva locomotora sudamericana. La despedida de Uruguay y la bienvenida a Brasil en una ciudad fronteriza, rara, rara, como la mayoría de pueblos que viven alrededor de algo tan anacrónico y artificial como las fronteras. Chuy. De ahí un comodísimo autocar nocturno a Porto Alegre tripulado por dos conductores que se turnaban cada tres horas. Uno rápido, pero correcto, y el otro temerario como no había visto en Asia. Qué animal! cómo adelantaba camiones saltándose la doble línea contínua. Así dormí poco y mal. Y llegué de mala leche a Porto Alegre. Ciudad que, aunque dicen es una de las de más calidad de vida del país, nos decepcionó un poco. Gris, normal. Y de ahí, en otro bus de largo recorrido nos fuimos hasta Florionópolis. Ciudad de vacaciones a la entrada de la isla de Santa Catarina. Aquí ya se respiraba otro clima. Aunque se acerca el invierno en el hemisferio sur, en esta latitud y en la costa huele a verano. Frutas tropicales buenísimas, zumo callejero de caña de azúcar fuera de serie y en la isla un montón de rincones naturales por explorar como la playa Mole y su vecina nudista Galheta o la playa de pescadores clavada en el tiempo de Pantano do Sul. Brasil es mucho Brasil, habrá que volver otro día a conocerlo de verdad, pero antes de abandonarlo vamos a disfrutar de una de sus maravillas. No, no me refiero al Cristo Redentor sino a las Cataratas de Iguazú, punto en el que se juntan Brasil, Argentina y Paraguay, al que siempre quise volver.
playita de pescadores en Pantano do Sul, isla de Santa Catarina

playita de pescadores en Pantano do Sul, isla de Santa Catarina