Archivo de la categoría: 13 Laos

catalanes por el mundo


flanqueados por un suizo y una francesa, cuatro catalanes fotografiados por una quinta, brindando con la Bia Hoi, la cerveza fría de barril popular en Hanoi, Vietnam
Los catalanes viajan y uno se los va cruzando en los rincones más insospechados del planeta. Algunos aprovechan cada paréntesis laboral para emprender un pequeño aunque a veces lejano viaje, como Isabel de Barcelona, que además lo documenta de maravilla en su más que recomendable blog. Algunos no solo se plantean, sino que además llevan a cabo proezas increibles como la de Anna y Cesc con los que me crucé en Egipto mientras volvían en bici desde Mongolia hasta Vic, Déu n’hi do!. En el barco carguero de Egipto a la India solo había otro pasajero, Goar un catalán afincado en Canarias o un canario nacido en Barcelona, en todo caso otro culo inquieto que ahora debe estar aprendiendo chino en el país del que es originaria la pólvora, el té, los fideos, la acupuntura y el tai chi. Precisamente en China me topé con Pol de Sabadell que llevaba unos cuantos meses fuera de su tierra, conociendo mundo, expandiendo sus horizontes. Y me lo encontré en el acogedor hostal de Chengdu que me había recomendado Lidia de Fonteta, con la que después coincidí en Vietnam con Mireia y Maria, sus amigas de Barna, pero sobre todo compañeras de aventuras. En Vietnam también tuve la visita de Jordi, Txell, Hanne y Salat que vinieron a grabar un capítulo del KM33, próximamente en sus pantallas. Y más tarde, coincidí con Sergi, el tarragoní con el que vi varios partidos del mundial siguiendo a La Roja en pantallas que sonaban en vietnamita, charlando con otros viajeros en inglés y entre nosotros en catalán. En la costa de Kerala, India, conocí a Glòria de Vic, que se fue al ashram de Amma a descubrir sus poderes, dicen que cura con abrazos. En los bungalows de Don Det, Laos, casualmente fui vecino de tres catalanas que disfrutaban de sus vacaciones de agosto: Anna BCN, Anna de Girona y Marta. En agosto se multiplicó el catalán que se escucha por el sudeste asiático. Ahora ya vuelve a sonar menos, dejando paso a los idiomas de los viajeros de largo recorrido como el francés, inglés, alemán y hebréo, porque el catalán es muy viajero, pero bastante estacional. En septiembre el seny nos atrae de vuelta a nuestras responsabilidades (hasta yo empezaré una colaboración con 5minuts+, el nuevo programa despertador de iCat fm que presentará mi compi Mireia Mallol a la que le contaré desde el mundo curiosidades del viaje). Llevo unos días debatiendo por mail con mi amiga de la infancia Victoria Szpunberg sobre nuestra identidad, y cuanto pesa en nuestro parecido cocktail cada componente (el argentino, el judío, el español, el catalán…). A ella, otra catalana singular, y a los que la vida también ha hecho viajar va dedicada esta nota. Hoy, 11 de setembre, lejos de Catalunya, me sumo a lo que diría Groucho Marx si fuera catalán: ésta es mi bandera, si no le gusta, tengo otras.
Eva visitando a Anna i Cesc en Egipto, que vienen en bici de Mongolia hasta Vic. Amb un parell... de rodes!

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Luang Prabang, la Perla de Asia


uno de los muchos ejemplos singulares de la arquitectura de Luang Prabang

uno de los muchos ejemplos singulares de la arquitectura de Luang Prabang


Si el sudeste asiático atrapa al viajero y Laos enamora, de Luang Prabang uno no se quiere ir. La capital espritual del país reune el mejor gusto francés de sus casas coloniales, cafeterías y restaurants, con una ubicación estratégica laosiana, en la ladera de una colina, entre ríos y montañas. Si en la anterior nota dije que Vientiane era mi nueva capital favorita, lo decía en caliente. Exageré. Ahora pienso que es difícil batir así de un plumazo a Viena, Estocolmo, Londres, París o Buenos Aires. O incluso Reykjavík, que como minúscula capital, puede que hasta me guste más que Vientiane. Pero tras una semana en Luang Prabang puedo afirmar y afirmo, ya no en caliente, que Luang Prabang es LA ciudad-pueblito-clavada-en-el-tiempo a visitar (vale, vale, que todavia tengo que ver Bangkok y que además de Tailandia, me falta por ver un montón de países). Hasta aquí Hoi An, en la costa central de Vietnam, era mi Perla de Asia, ahora lo es Luang Prabang. Una casi isla por la que se puede pasear a pie o en bici, hacer un curso de cocina o visitar alguno de sus 50 templos budistas. Muy especial acercarse a ellos durante sus cantos vespertinos, todos vestidos de naranja, sentados en el suelo del templo recitando sus mantras. Al lado de los templos, los jóvenes monjes budistas, viven y estudian. Para muchos de ellos no es sólo su salvacion espiritual y formativa (aprenden inglés, entre otras muchas cosas), sino tambien material (se garantizan la comida en el plato y ropa para vestir) y social (traban amistades entre ellos y realizan múltiples trabajos de construcción y mantenimiento de los templos). El desapego material es una de las claves de la sabiduría oriental. Yo lo vengo preacticando desde hace unos meses y me va muy bien. En Luang Prabang vacié mi mochila de la ropa de invierno que usé en Italia, Nepal, Tíbet y que ya no usaba desde las montañas del norte de Vietnam, convirtiéndose desde entonces es un incómodo lastre en mi equipaje. Los destinatarios: las más de 1500 niñas y niños del orfanato público de la ciudad. Este invierno estarán un poco mas abrigados, y yo ya camino más ligero. Ganan ellos, gano yo.
pese a varios Mercedes Benz de época que se ven por Luang Prabang al Citroën 11 ligero no hay quien le tosa

pese a varios Mercedes Benz de época que se ven por Luang Prabang al Citroën 11 ligero no hay quien le tosa

el dulce, lento e irresistible encanto de Laos


Oh no! otra puesta de sol! (Don Det, Si Phan Don)

Oh no! otra puesta de sol! (Don Det, Si Phan Don)


Sólo he consumido la mitad del mes que me permite la visa de Laos estar en este país y ya puedo decir que es mi preferido. Ya intuía a priori que tendría cierta conexión con él, pero me parecía difícil que el único país sin costa, con lo que me gusta el mar, fuera a ser el que más me gustase del sudeste asiático. Vietnam es más rico y variado, tiene estupendas ciudades y paisajes naturales, deliciosas comidas y el mejor café del continente. En Camboya están los impresionantes templos de Angkor y las personas de sonrisas más radiantes de la región. Me consta que en Tailandia la comida, la gente, los masajes y las playas son sin igual (ya os daré mi opinion si paso). Pero Laos, que no tiene mar, que es menos conocido que sus vecinos y que es uno de los países mas pobres del mundo, me está gustando mucho más. Seduce sin intentarlo. Es armonía y belleza al natural. Tiene esa magia que no se puede describir con palabras porque pertenece al abstracto mundo de las emociones y al caprichoso mundo de la subjetividad. Como cuando alguien que no responde a tu retrato robot de persona ideal te gusta mucho. Eso me pasa con Laos. En Don Det, archipiélago de Si Phan Don, en el extremo sur del país donde tenia su escondite el fugitivo de Roldán, disfruté del mejor abrazo del Mekong. En Champasak paseé descalzo entre casas coloniales. En Pakse subí la bici al bus que me llevó a Vientiane, mi nueva capital favorita, donde ahora la tengo aparcada porque el norte es demasiado montañoso para ella (no vayan a creer que para mi). En una granja orgánica de Vang Vieng donde se podían degustar sus productos naturales como el delicioso queso de cabra o el imbatible batido de mora, me refugié de los adolescentes (mayoritariamente de Londres) que se tiran por el río borrachos con un neumático, práctica conocida como tubing que misteriosamente provoca más conjuntivitis que ahogos. Y en el autocar de camino a Luang Prabang, como no mareo si me concentro en las vistas, disfruté del paisaje mas bonito que recuerdo en mucho tiempo. Antes de este viaje no sabía que el verde me gustaba tanto, ni tampoco que Laos se iba a quedar grabado a fuego en mi corazón.
la felicidad, el entorno natural, los valores, los niveles de higiene, los índices de alfabetización, el buen carácter de la gente, los niños jugando en el río... eso no lo reflejan las estadísticas del PIB/capita a la hora de determinar la pobreza de los países

la felicidad, el entorno natural, los valores, los niveles de higiene, los índices de alfabetización, el buen carácter de la gente, los niños jugando en el río... eso no lo reflejan las estadísticas del PIB/capita a la hora de determinar la pobreza de los países

Wat Phu en Laos y Angkor Wat en Camboya


BR1, a lo alto del templo khmer Wat Phu, provincia de Champasak, Laos

BR1, a lo alto del templo khmer Wat Phu, provincia de Champasak, Laos


Sigo pedaleando por el sudeste asiático. Los últimos 300 kilómetros los he hecho junto a otro intrépido viajero a pedales. Lach, australiano, se viene desde Corea con su mountain bike de 27 marchas (la mía tiene 6). A veces sube su bici a algún tren o bus, lo que no quita que su cuentakilómetros marque ya más de 2000 Km pedaleados, que no esta nada mal. El mío, en caso de tener uno, marcaría unos 500 a estas alturas, quien tenga ganas de calcularlo estas son las coordenadas: de Kompong Cham (Camboya) a Pakse (Laos). Después de cuatro días disfrutando de la calma de Don Det, isla tropical del archipiélago de Si Phan Don (las 4000 islas) en el río Mekong al sur de Laos, hemos vuelto a la carretera. Y es que pasar las horas leyendo en la hamaca del porche del bungalow con vistas al Mekong reconforta y carga las pilas. Y con las energías renovadas en tres días nos hemos plantado en Pakse. Ayer en Champasak aprovechamos para visitar uno de los templos mas importantes de Laos, Wat Phu, del mismo imperio Khmer que, desde lo que ahora llamamos Camboya y parte de Laos, dominó hace siete, ocho siglos toda la zona y además dejó para la humanidad la mayor construcción religiosa del mundo, Angkor Wat. Una maravilla, la octava dicen. Angkor Wat, Angkor Thom, Ta Prohm, Wat Phu. No sabía de la grandeza del imperio Khmer, de hecho no sabía ni de su existencia. Es otra de las ventajas de viajar, uno no para de aprender: historia, geografía, fotografía, idiomas, filosofía de vida, comunicación no verbal con gente que no comparte ninguna lengua con uno. En fin, que menos comodidad y certezas viajar es lo más. Así que solo espero que la envidia que pueda estar dando a alguna persona pueda convertirse en el empujón para que se anime a dar el salto. Como me pasó a mi mientras leía muerto de envidia en Barcelona el blog de Marc Serena y el libro de JM Romero.
puerta norte de Angkor Thom, Camboya

puerta norte de Angkor Thom, Camboya