Archivo de la categoría: 11 Vietnam

estreno de la nueva temporada de KM33


Diego, viste como crece la leyenda de Lionel?

Diego, viste como crece la leyenda de Lionel?

Justo ayer estuve celebrando mis dos messis en Argentina 🙂 en el bar Crónico de Palermo Viejo, en la calle Borges justo al lado de la placita Serrano o Cortázar (nombre que cambia en función del mapa en el que se mire o de quién le indique a uno). Todos los ahí presentes, independientemente de su acento (catalán, español, argentino, francés, alemán…) apoyando al Barça, pero no como sugiere la caricatura humana de Jose “Conspiranoia” Mourinho, sino disfrutando de la belleza del espectáculo que ofrece uno de los mejores equipos de fútbol de la historia. La vuelta en el Camp Nou la intentaré ir a ver al Casal Català de Buenos aires… o quizá repita “estadio”, ya veremos. Tu que fas, Sergi? Otra alegría me llega en paralelo desde el KM33, ya se estrenó la nueva temporada y la respuesta de la gente está siendo muy buena! Aquí podéis ver el capítulo de presentación en el que aprecen varios minutos de cada viaje: Las Vegas / Gran Canyon, Islandia… y los minutos finales dedicados a Vietnam, en los que un servidor con gorra de paja, bañador y, a veces camiseta, se pasea por la isla de Cham, Vietnam, justo en frente de Hoi An. Muy pronto el estreno del capítulo íntegro de Vietnam. Será el 10 de mayo en el 33. Y por suerte no coincidirá de fecha con la Champions!

catalanes por el mundo


flanqueados por un suizo y una francesa, cuatro catalanes fotografiados por una quinta, brindando con la Bia Hoi, la cerveza fría de barril popular en Hanoi, Vietnam
Los catalanes viajan y uno se los va cruzando en los rincones más insospechados del planeta. Algunos aprovechan cada paréntesis laboral para emprender un pequeño aunque a veces lejano viaje, como Isabel de Barcelona, que además lo documenta de maravilla en su más que recomendable blog. Algunos no solo se plantean, sino que además llevan a cabo proezas increibles como la de Anna y Cesc con los que me crucé en Egipto mientras volvían en bici desde Mongolia hasta Vic, Déu n’hi do!. En el barco carguero de Egipto a la India solo había otro pasajero, Goar un catalán afincado en Canarias o un canario nacido en Barcelona, en todo caso otro culo inquieto que ahora debe estar aprendiendo chino en el país del que es originaria la pólvora, el té, los fideos, la acupuntura y el tai chi. Precisamente en China me topé con Pol de Sabadell que llevaba unos cuantos meses fuera de su tierra, conociendo mundo, expandiendo sus horizontes. Y me lo encontré en el acogedor hostal de Chengdu que me había recomendado Lidia de Fonteta, con la que después coincidí en Vietnam con Mireia y Maria, sus amigas de Barna, pero sobre todo compañeras de aventuras. En Vietnam también tuve la visita de Jordi, Txell, Hanne y Salat que vinieron a grabar un capítulo del KM33, próximamente en sus pantallas. Y más tarde, coincidí con Sergi, el tarragoní con el que vi varios partidos del mundial siguiendo a La Roja en pantallas que sonaban en vietnamita, charlando con otros viajeros en inglés y entre nosotros en catalán. En la costa de Kerala, India, conocí a Glòria de Vic, que se fue al ashram de Amma a descubrir sus poderes, dicen que cura con abrazos. En los bungalows de Don Det, Laos, casualmente fui vecino de tres catalanas que disfrutaban de sus vacaciones de agosto: Anna BCN, Anna de Girona y Marta. En agosto se multiplicó el catalán que se escucha por el sudeste asiático. Ahora ya vuelve a sonar menos, dejando paso a los idiomas de los viajeros de largo recorrido como el francés, inglés, alemán y hebréo, porque el catalán es muy viajero, pero bastante estacional. En septiembre el seny nos atrae de vuelta a nuestras responsabilidades (hasta yo empezaré una colaboración con 5minuts+, el nuevo programa despertador de iCat fm que presentará mi compi Mireia Mallol a la que le contaré desde el mundo curiosidades del viaje). Llevo unos días debatiendo por mail con mi amiga de la infancia Victoria Szpunberg sobre nuestra identidad, y cuanto pesa en nuestro parecido cocktail cada componente (el argentino, el judío, el español, el catalán…). A ella, otra catalana singular, y a los que la vida también ha hecho viajar va dedicada esta nota. Hoy, 11 de setembre, lejos de Catalunya, me sumo a lo que diría Groucho Marx si fuera catalán: ésta es mi bandera, si no le gusta, tengo otras.
Eva visitando a Anna i Cesc en Egipto, que vienen en bici de Mongolia hasta Vic. Amb un parell... de rodes!

las islas de Vietnam: Cat Ba, Cham y Phu Quoc


Halong Bay by cocuun

Halong Bay by cocuun


Todos tenemos nuestra isla. Esa burbuja en la que refugiarnos del mundo exterior. Para unos es su casa, para otros su pareja, su cama, su amante, su trabajo, su familia, su barrio o su país. Los hay incluso que tienen su isla de verdad, y no me refiero a los pocos que como Marlon Brando se pudieron comprar una, sino a los que tienen una isla como refugio al que ir siempre que pueden, como Menorca, Formentera o Cadaqués (que aunque está enganchado a Catalunya ejerce de isla). A mi me apasionan las islas. Tanto el concepto como la sensación de ir a una de las de verdad. Así que a la que puedo y se pone una interesante a tiro, y más si se puede ir por mar, ahí voy. En Vietnam estuve en tres. Al norte, en Cat Ba, la mayor de las casi 2000 islas e islotes de la Bahía de Halong. El recorrido hacia la isla es una maravilla, aunque dormir en uno de los barcos turísticos de Halong Bay pueda hacer que el paraíso natural en el que uno está pierda la mitad de su gracia por el karaoke del barco de al lado. Sí, la bahía es gigante y hermosa, pero atracan todos los barcos juntitos en la misma zona. La isla de Cat Ba, tiene parque natural, tres playas y una capital que repite todos los fallos que cometimos en los peores ejemplos de la costa mediterránea con edificios altos, grises y feos que destrozan la primera línea de mar. En el centro de Vietnam, a la altura de Hoi An, estuvimos en la mayor de las islas de Cham. En un pueblito de pescadores en donde nunca hay más de ocho turistas juntos, cada uno se aloja en la casa de una famila come con ellos en el suelo sobre una esterilla y antes de irse hay que aportar algo útil a la comunidad, en mi caso les di una clase de inglés a la madre y a la abuela. Muy especial el par de días en la isla de Cham. Y al sur, en frente de la costa de Camboya (de la que me han dicho que tiene unas islitas muy interesantes y poco explotadas), visitamos Phu Quoc, la mayor de las islas de Vietnam. Con una zona turística llamada Long Beach donde se puede dormir en bungalows en la playa por $10 oyendo las olas de mar y la lluvia (Thai Tan Tien), una capital -Duong Dong- con mercado nocturno en el que se puede comer pescado y marisco bien frescos a la brasa a muy buen precio, y muchos kilómetros sin turistas a la vista por recorrer. Y, faltaría más, en cada una de las islas aproveché para bañarme en el Mar de la China, porque ir al mar y no adentrarse en él deja incompleta una de las mejores experiencias de esta vida.
hostal Thai Tan Tien, isla de Phu Quoc

hostal Thai Tan Tien, isla de Phu Quoc

subiendo las aguas del Mekong, desde el delta en Vietnam hasta la capital de Camboya


tomando notas en el diario, a bordo del bote lento que sube el Mekong

tomando notas en el diario, a bordo del bote lento que sube el Mekong


Tras un mes y una semana en Vietnam, primero con los chicos del 33, luego con la pandilla de Hoi An, después solo y finalmente con Lidia y sus amigas, surcamos río arriba las aguas del Mekong en busca de Camboya. Antes, una visita a Saigón, o la Ciudad de Ho Chi Minh, como se rebautizó en 1975 tras la reunificación del país con el nombre del héroe nacional. Una ciudad demasiado occidentalizada para la Asia que iba buscando. Me recordó en más de un momento a Buenos Aires: avenidas anchas, no demasiados coches, muchos árboles -verdes y altos- arquitectura moderna y occidental. Y el Mekong? en algunos tramos, sobre todo ya a la altura de Camboya, me hizo pensar en el Río de la Plata. Ancho, caudaloso y marrón. Por lo demás, seguimos en el Sudeste Asiático. Los gorros cónicos, los mercados flotantes, y las plantaciones de arroz lo certifican. Y las caras de las personas también. Piel más oscura que al norte de Vietnam y muchas sonrisas. Soy cero pro-religiones, pero puede que el budismo haya ayudado a digerir tan rápido y tan bien tanta atrocidad humana reciente en la región.

Vietnam: same, same, but different


BR1 con gorro de paja vietnamita en China Beach, Vietnam

BR1 con gorro de paja vietnamita en China Beach, Vietnam


Cuando un viajero te recomienda algún lugar para ver o dónde alojarte, en general vale la pena seguir su consejo. No conocía a la comunidad de viajeros. Me gusta. Afinidades, solidaridad entre ellos. Estas semanas he estado compartiendo el viaje con tres catalanas: Lidia, Mireia y Maria. Tres estupendas viajeras en sus vacaciones de verano. Tres excelentes compañeras de aventura. Tres viajeras ejemplares: con criterio, sentido común y flexibilidad. No como los que generalizan de forma superficial sobre las gentes de un lugar del tipo “los vietnamitas son muy bordes, siempre van a por la pasta”. Mentira! La mayoría de los 86 millones de vietnamitas son un encanto, salvo algún cretino que trabaja en el sector turístico y que lo único que quiere es conseguir algún dólar de más. Pero de éstos hay unos pocos en cada país. Lo que pasa es que algunos viajeros del sudeste asiático vienen de Tailandia, Laos y Camboya, donde al parecer son más dulces, ya os contaré si llego. En Vietnam la gente tiene mucho carácter, pero es muy positiva. Y teniendo en cuenta su pasado reciente en el que casi todos los que venían de otros paises era para invadir o hacer la guerra, podríamos decir que son cero rencorosos con los que 40 años después de la guerra venimos a visitar su país con el mismo color de piel, costumbres e idioma que los que provocaron la muerte o heridas serias a 5 millones de vietnamitas, el 10% de la población de entonces. Del museo de la guerra en Ho Chi Minh City (Saigón) no se sale igual que como se entró. Y otra cosa, al terminar una guerra se puede hablar de perdedores, pero casi nunca de ganadores.
el Museo de la Guerra, Ho Chi Minh City (Saigón), Vietnam

el Museo de la Guerra, Ho Chi Minh City (Saigón), Vietnam

I’m from Barcelona, Catalunya, Spain, I was born in Argentina, my surname is Polish, I lived in Israel. War is not the answer


billetes falsos de $100 ardiendo en las calles de Hanoi
Hoy hace 5 meses que me puse la mochila que ya no usa Nina desde que tuvo a Aina. Llevo 5 meses explorando. El mundo, sus gentes y a mi mismo. Por el camino uno va a llegando a conclusiones. Una de ellas me refuerza la convicción que ya tenía antes de empezar el viaje y que está perfectamente explicada por Amin Maalouf en “Les identitats que maten” el libro de que me regaló Pablo Larraguibel antes de emprender esta aventura. La idea que sostiene el escritor árabe, católico, francés y nacido libanés, es que cada vez es más normal encontrar a personas que como él tienen una identidad poliédrica. Y que es doloroso y peligroso hacerle elegir a cada uno que se quede con un fragmento de los que le definen y que rechace otra parte de sí. El viejo debate de los exiliados e inmigrantes, integrarse en el país de destino o mantener las costumbres de la cultura de la que se procede, debe dar un paso adelante: integrarse y mantener las raíces que no sean incompatibles con el país de destino. Y convertirse así en un puente de unión entre esos dos pueblos, o sea en un ciudadano importante. En el mundial yo animaba a Argentina y a España, me puso muy contento que tantos jugadores del FC Barcelona contribuyeran al éxito histórico de La Roja, y también me pareció muy emocionante que Puyol y Xavi ondearan una senyera como muestra de amor a su tierra y para decirle al mundo entero que se puede defender los colores de la selección española hasta límites nunca antes vistos y al mismo tiempo sentirse catalanes. El diario deportivo AS demostró con su titular “¡Visca España!” entender mucho más a su país que el Tribunal Constitucional, que con su presunto intento de preservar la unidad de España casi la desintegra con las reacciones que provocó en más de un millón de catalanes que estaban en el Passeig de Gràcia. Yo no fui a la mani porque estaba en Hanoi, donde vi la final del mundial en un pub irlandés con catalanes, ingleses, suizos y una mayoría aplastante de holandeses vestidos de naranja. Al terminar el partido más de un holandés nos vino a felicitar por el título mundial que tanto anhelaban, a los que celebramos eufóricos el golazo de Iniesta.
ondea con fuerza La Roja, que no es la bandera de Estrella Damm sino la de Vietnam

Hoi An y alrededores, explorando y disfrutando… hasta del mundial


Cham Island

Mi mapamundi se expande hacia el Este. Nunca había llegado tan lejos, a un punto tan oriental del planeta como Hoi An, en la costa central de Vietnam. Un encantador pueblo con influencia china, japonesa y francesa. Encantador. Con mucho charm que diríamos en inglés o caliu en català. Es la capital vietnamita del buen comer y de la ropa por encargo. Restaurants para todos los bolsillos y sastres que en 24 horas te hacen un traje, unos zapatos o lo que se te ocurra (como las sandalias de agua verde y naranja de la foto de abajo que me hice en un arrebato colorista). Hoi An es un lugar para detener el tiempo y disfrutar. La playa de Cua Dai es larga y de arena fina, y algo bastante poco habitual en el sudeste asiático: de agua refrescante. Esas son las cosas que uno aprende charlando con otros viajeros, como Josh de Australia, Lucas de Suiza, Sergi de Catalunya y Oscar de Argentina, con los que alquilamos unas motos (3$ al día la manual, 4$ la automática) para irnos hasta los templos de My Son, bastante destrozados por el paso de los siglos y de los bombarderos norteamericanos. Con mi pandilla ocasional también vi unos cuantos partidos del mundial. Qué locura que tienen en Asia por el fútbol, no se puede creer. En la India no había manera de seguir al Barça en la Champions, cricket por todos lados. Pero en Nepal, China y Vietnam, la gente esta tan loca por el fútbol como en Europa o en América del Sur, o más. Plazas con centenares de sillas llenas de vietnamitas ante pantallas gigantes con los partidos a la una y media de la madrugada, hora local. Bares abiertos hasta las tres de la madrugada, o cuatro en caso de prórroga y penaltis. Y en la Isla de Cham, donde a las 11 de la noche cortan la luz y los pescadores y sus familias se van a dormir (y si quieren luz usan velas o baterías), ahora, durante el mundial vuleven a darle al interruptor de la central del pueblo para que todos puedan ver los partidos. Al revés de lo que me pasó en Hué, mientras veía la semifinal de España contra Alemania con unos madrileños muy simpáticos, una catalana, una alemana y una austríaca neutral. Durante el descanso, con el 0-0 y toda la emoción, apagón general en toda la ciudad. Ni tele, ni radio, ni internet. El gol de Puyol nos llegó por SMS. Un viaje repleto de primeras veces.

BR1 de Hoi An a My Son